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Cambios bruscos de temperatura: ¿Por qué el contraste de frío y calor enferma al cuerpo?

Mañanas frías y mediodías calurosos someten al organismo a un desgaste constante. Especialistas advierten sobre el impacto de estos contrastes térmicos.

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Las variaciones climáticas registradas durante noviembre —caracterizadas por mañanas gélidas y mediodías con alta radiación solar— obligan al cuerpo humano a realizar un constante esfuerzo de termorregulación. Este cambio abrupto en pocas horas altera los mecanismos de defensa naturales y no pasa desapercibido para el organismo.

Vías respiratorias y alergias bajo presión

El aire frío y seco de las primeras horas del día ralentiza el movimiento del epitelio ciliar (los diminutos vellos encargados de limpiar la mucosidad nasal), facilitando la adhesión de virus y bacterias que pueden derivar en infecciones respiratorias. Asimismo, la combinación térmica y ambiental moviliza polvo y polen, intensificando los cuadros de rinitis alérgica, congestión y brotes en personas con asma o EPOC.

Fatiga, dolores de cabeza y vasoconstricción

El esfuerzo continuo del cuerpo por regular su temperatura interna genera un gasto energético extra que se traduce en cansancio inusual al caer la tarde.

  • Efectos vasculares: Con el frío matutino se produce una vasoconstricción (contracción de los vasos sanguíneos), lo que puede elevar ligeramente la presión arterial y generar rigidez articular. Por la tarde, el calor provoca vasodilatación, derivando en pesadez o mareos ligeros.
  • Jaquecas: Las variaciones en la presión atmosférica y el choque térmico son detonantes frecuentes de dolores de cabeza tensionales y migrañas.
  • Resequedad: La transición rápida entre el clima exterior y el uso de calefacción o aire acondicionado reseca la piel, los labios y las mucosas.

Recomendaciones para proteger la salud

Para minimizar los efectos de la variabilidad climática en el organismo, especialistas sugieren:

  • Vestimenta en capas (estilo cebolla): Permite quitar o agregar prendas conforme avanza el día.
  • Protección de vías respiratorias: Utilizar bufanda o cubrebocas al salir a la intemperie en las horas más frías para templar el aire que se inhala.
  • Hidratación y nutrición: Mantener el consumo constante de agua y priorizar alimentos ricos en vitaminas C y D para respaldar al sistema inmune.
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