Casi cuarenta años después de la explosión en la Unidad Cuatro del complejo nuclear de Chernóbil, la zona de exclusión continúa albergando niveles de radiación incompatibles con la mayoría de las formas de vida. Sin embargo, en la década de 1990, investigaciones científicas documentaron la presencia de organismos adheridos a las paredes internas del refugio del reactor.
Entre las decenas de especies identificadas destacó el Cladosporium sphaerospermum, un hongo de pigmentación oscura caracterizado por acumular altísimas concentraciones de melanina, elemento clave en su capacidad de adaptación a ambientes de alta radiación ionizante.
La hipótesis de la radiosíntesis: melanina como fuente de energía
Estudios posteriores encabezados por especialistas en radiofarmacología e inmunología revelaron que el hongo no solo resistía los niveles de radiación, sino que aceleraba su crecimiento al estar expuesto a rayos gamma.
A partir de estas observaciones se formuló la hipótesis de la radiosíntesis, un proceso biológico análogo a la fotosíntesis vegetal:
- Función de la melanina: Actúa como un transductor que absorbe la radiación ionizante y la transforma en energía química útil para el metabolismo del hongo.
- Mecanismo de defensa: De forma simultánea, el pigmento funciona como una barrera protectora que mitiga el daño celular provocado por las emisiones atómicas.
Pese al interés que genera esta vía metabólica, la comunidad científica mantiene la postura de que la radiosíntesis como mecanismo comprobado de obtención de energía continúa en fase de evaluación e investigación.
Escudo protector para la exploración espacial
La resistencia del Cladosporium sphaerospermum ha captado la atención de agencias espaciales e instituciones de investigación para el desarrollo de biotecnología aplicada a viajes fuera de la Tierra.
En experimentos llevados a cabo a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI), muestras del hongo expuestas a la radiación cósmica demostraron su capacidad para atenuar el paso de partículas dañinas. Los resultados abren la posibilidad de emplear cultivos de este organismo como escudos biológicos regenerativos para proteger a los astronautas y equipos durante misiones espaciales de larga duración.
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