Considerado una parada imperdible para los visitantes que buscan llevarse un dulce recuerdo de su paso por el Pueblo Mágico, el pan artesanal de Bernal —elaborado desde hace casi una década por manos expertas como las de la panadera Ana María Flores Gutiérrez.
A partir de masa hecha en casa y una amplia variedad de rellenos que van desde el clásico queso ranchero con piloncillo hasta mazapán, chocolate y opciones de temporada como el rol de chilacayote— requiere de hasta dos horas y media de dedicación por cada lote, consolidándose no solo como un deleite gastronómico que conquista principalmente a los turistas foráneos, sino también como una tradición viva que preserva la identidad del lugar.
Con información de Thelma Herrera.













