El llanto, el rechazo a asistir al colegio o las molestias físicas recurrentes al iniciar las clases indican que un niño necesita apoyo para adaptarse a la rutina.
Para reducir el impacto de este cambio, especialistas sugieren aplicar las siguientes medidas prácticas:
- Ajuste de horarios: Regular poco a poco los tiempos de sueño y limitar el uso de pantallas por la noche.
- Involucrarlos en la rutina: Permitir que participen en la preparación del uniforme, la mochila y el lunch para darles seguridad.
- Validación emocional: Escuchar sus temores antes de intentar tranquilizarlos y evitar frases como “no pasa nada”.
- Espacios de descanso: Mantener momentos de juego y paciencia durante las primeras semanas.
Si tras dos semanas continúa el rechazo constante, el aislamiento o las alteraciones en el sueño, es recomendable acudir con un profesional.
Creación y edición: Melissa Jiménez.












