El vertiginoso consumo de videos cortos en redes sociales ha impulsado el auge de series creadas íntegramente con Inteligencia Artificial, un fenómeno que atrae a las audiencias jóvenes mediante historias disparatadas y el atractivo visual de situaciones imposibles —según refieren usuarios como Kevin Martínez—, pero que simultáneamente enciende alarmas sobre la saturación del entorno digital y la devaluación del trabajo artístico tradicional.
Ciudadanos como Mauro Carrillo advierten que la extrema facilidad para producir estos materiales fomenta la proliferación de “contenido basura”, planteando un reto ético y creativo sobre el futuro del entretenimiento y la capacidad del público para distinguir entre producciones auténticas y automatizadas.
Con información de Montse Macías.












