Un estudio analizó cómo reacciona la mente humana ante la apariencia de las serpientes. La investigación, basada en una encuesta a 377 adultos de Brasil y Portugal que evaluaron 92 fotografías de reptiles, demostró que detectar rápidamente a un individuo no equivale necesariamente a sentir temor.
Según explicó la autora principal del trabajo, la valoración estética de un ejemplar no excluye la sensación simultánea de peligro o repulsión. Esto significa que un mismo reptil puede provocar una sensación de amenaza y, al mismo tiempo, ser percibido como bello y despertar fascinación. Las respuestas emocionales de los participantes se dividieron en tres patrones principales:
- Miedo: Asociado principalmente a víboras y a varias especies de boas, las cuales generaron mayores niveles de temor y excitación.
- Impresiones favorables: Vinculadas a algunos colúbridos y dipsádidos de cuerpo delgado, que obtuvieron valoraciones más positivas.
- Asco: Despertado con mayor intensidad por reptiles pequeños que viven bajo tierra (fosoriales) y algunos animales sin patas que ni siquiera eran serpientes.
La heurística de amenaza visual y las experiencias personales
Los investigadores definieron el concepto de heurística de amenaza visual para explicar cómo el cerebro humano utiliza señales físicas (como la forma corporal, los patrones de color o el tamaño) como un atajo rápido para calcular un posible riesgo desde una perspectiva evolutiva.
Sin embargo, la morfología de los animales no explica por completo las reacciones. El estudio observó que la intensidad del miedo está fuertemente influenciada por:
- El temor general preexistente hacia estos animales.
- Los encuentros anteriores que haya tenido la persona.
- El nivel de exposición a entornos naturales, ya que quienes afirmaron estar más en contacto con la naturaleza tendieron a reportar menor temor.
El siguiente paso en la investigación
Para profundizar en estos hallazgos, el equipo científico planea estudiar por separado elementos como las escamas, la textura y las formas corporales. Asimismo, utilizarán técnicas avanzadas como el seguimiento ocular y la electroencefalografía (EEG) para registrar la actividad eléctrica del cerebro y determinar en qué fase exacta de la percepción humana —la detección visual, la atención o la experiencia consciente— surgen estas emociones opuestas.