Mientras el gobierno mexicano insistía en pedir pruebas y acusaba a Estados Unidos de intentar golpear políticamente a la 4T, el general Mérida Sánchez tomó otra ruta: entregarse a las autoridades estadounidenses para buscar un acuerdo como testigo cooperante.
Según versiones, cruzó la frontera hacia Arizona llevando únicamente una caja con documentos y dispositivos con información sensible.
Después fue trasladado a Nueva York, donde ya fue presentado ante la justicia y se declaró no culpable, una estrategia que le permitiría negociar con la fiscalía a cambio de revelar todo lo que sabe.
El caso, aseguran autoridades estadounidenses, no gira únicamente en torno a un conflicto político, sino a investigaciones sobre redes criminales ligadas al tráfico de fentanilo, la violencia extrema y la utilización de menores por parte del crimen organizado.