A través de tres generaciones familiares, Guillermo Álvarez ha dedicado su vida al oficio de anticuario en Querétaro, una labor que aprendió desde la infancia y que le ha permitido valorar e investigar piezas tan diversas como libros, documentos, cristal, porcelana y mobiliario antiguo.
Para los profesionales de este sector, ser anticuario trasciende la comercialización de objetos, convirtiéndose en una tarea fundamental de preservación cultural que busca evitar que fragmentos valiosos del patrimonio y la memoria colectiva de Querétaro y México terminen en el olvido o la basura, demostrando que detrás de cada pieza recuperada existe un testimonio vivo de la historia de la ciudad.
Con información de Montse Macías.












