Demostrando que la necesidad puede convertirse en el motor de una transformación profunda, Ernesto Villanueva Martínez, un ingeniero civil de 70 años radicado en Querétaro, dio un giro a su trayectoria profesional al adoptar hace apenas dos años el oficio artesanal como sustento familiar.
Hoy, sus creaciones —elaboradas a partir del fruto de sirian mediante técnicas tradicionales originarias de la montaña baja de Guerrero— destacan entre decenas de exponentes por su autenticidad y factura 100% manual, donde cada jícara pintada cobra una identidad irrepetible que no solo le ha ganado el reconocimiento de la comunidad y especialistas, sino que representa en la capital queretana la apertura de una digna ventana para volver a empezar.
Con información de Thelma Herrera.












