La flor de cempasúchil (Tagetes erecta), símbolo imprescindible de las festividades de Día de Muertos en México, cuenta con una riqueza genética excepcional en territorio nacional. De las 58 variedades registradas a nivel global, México alberga y cultiva 35 de ellas, lo que representa más del 60 % del total mundial, según trabajos de recolección y conservación biológica.
Esta flor no solo cumple una función ornamental en altares, cementerios, avenidas y edificios públicos durante los meses de octubre y noviembre, sino que también es objeto de investigación para la industria médica y cosmética.
Un legado prehispánico y simbólico
La relación entre México y el cempasúchil se encuentra documentada desde la época prehispánica, periodo en el que se registraba tanto su crecimiento silvestre como su cultivo organizado en huertos. Para las tradiciones locales, la flor funciona como un puente simbólico entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
Las 35 variedades silvestres y cultivadas en el país forman parte del Catálogo Nacional de Variedades Vegetales del Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS).
Entre los nombres registrados destacan especies como Acuexcomac, Chapingo, Teotihuacan, Tepoztlán, Toluca, Huejutla, Hidalgo, Milagros, Sofía, Tepozteco, Zapote, Mary Chuy y Alicia, entre otras.
¿Cómo identificar las variedades de cempasúchil?
A diferencia de la creencia común de que el cempasúchil es únicamente de color naranja intenso, las distintas variedades ofrecen una amplia paleta cromática y formas de presentación:
- Tonalidades y colores: Van desde el amarillo claro y amarillo fuerte, pasando por combinaciones de rojo con amarillo, tonos rojizos cobrizos hasta variedades en color blanco.
- Presentación: Según la región y el tipo de cultivo, se comercializan en macetas (comúnmente variedades mejoradas o enanas) o en manojos tradicionales cosechados en campo abierto.












