Las plataformas digitales experimentan una saturación de perfiles protagonizados por influencers generados por inteligencia artificial, los cuales replican una fórmula idéntica: flequillo de tazón, trajes de cuadros y un crecimiento exponencial de seguidores en cuestión de días.
El pionero de esta tendencia fue Jean Phil, un personaje virtual que en apenas ocho días superó los 228,000 seguidores en Instagram y lanzó una criptomoneda propia. Tras su éxito surgieron múltiples réplicas internacionales como Archibald Brown y Harold Puddington, acumulando decenas de millones de visualizaciones y volatilidades extremas en sus respectivos tokens financieros.
El verdadero negocio detrás de la tendencia
Lejos de buscar una comunidad fiel o el carisma tradicional de un creador de contenido de carne y hueso, estos avatares funcionan como memes virales de corta duración.
La estructura del negocio se divide en dos vías principales:
- Promoción de criptoactivos: Creación de tokens asociados al personaje que atraen compradores rápidos antes de que las cuentas cambien de nombre o desaparezcan.
- Venta de herramientas: Creadores de software que comercializan tutoriales y plataformas automatizadas para fabricar personajes virtuales en serie.
A pesar de que el Reglamento europeo de IA exige etiquetar a las personas artificiales —con excepciones para obras satíricas o de ficción—, el fenómeno continúa expandiéndose a gran velocidad mediante la producción masiva de variaciones automatizadas.