Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, pocos gobernantes se han atrevido a enfrentar escenarios adversos ante la ciudadanía.
Durante la crisis provocada por el huracán en Acapulco, López Obrador fue señalado por evitar el contacto directo con los habitantes afectados, quienes denunciaban abandono y falta de apoyo. Tampoco acudió a otros espacios donde enfrentaba cuestionamientos públicos, alimentando las críticas sobre su disposición a escuchar el descontento social.
Ahora, aseguran algunos críticos, la historia parece repetirse. A unos días de una importante inauguración que se espera reúna a miles de personas en un estadio completamente lleno y bajo fuertes medidas de seguridad, la presidenta de la república ha optado por no asistir al evento. La decisión ha generado especulaciones sobre quiénes acudirán en representación del gobierno y si otros funcionarios, legisladores o senadores asumirán esa responsabilidad.