La odisea comenzó cuando su dueña, Jessica Johnston, cayó más de 54 metros por una cascada durante una caminata en los bosques de Nueva Zelanda junto a Molly. Debido a la gravedad de las lesiones de Jessica, los equipos de emergencia priorizaron su evacuación inmediata, viéndose obligados a dejar a la mascota sola en la naturaleza.
Esta noticia se viralizó rápidamente entre residentes locales y amantes de los animales, lo que motivó a una empresa de helicópteros a ofrecerse para participar en la búsqueda. El equipo de rescate enfrentó condiciones sumamente difíciles, con intensas lluvias y tormentas que azotaron el área durante varios días.
Tras tres sobrevuelos sin éxito, el grupo aguardó a que las condiciones climatológicas mejoraran. Finalmente, localizaron a Molly en un claro boscoso en un estado de salud sorprendentemente bueno. El helicóptero pudo aterrizar en la zona para extraerla de forma segura y concretar el esperado reencuentro.
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