El huevo de Pascua que hoy disfrutamos envuelto en papel brillante tiene raíces mucho más profundas de lo que imaginamos. Siglos antes de la era cristiana, diversas culturas paganas ya utilizaban el huevo como el máximo símbolo de fertilidad y renacimiento para celebrar la llegada de la primavera. Con la expansión del cristianismo, esta antigua costumbre fue adoptada y dotada de un nuevo significado espiritual, pasando a representar la resurrección de Jesús.
Durante la Edad Media, la tradición se volvió más artística: era común regalar huevos de ave reales, cocidos y decorados minuciosamente a mano. No fue sino hasta el siglo XIX en Europa cuando la pastelería y la técnica chocolatera permitieron que este antiguo símbolo se transformara en el postre que conocemos actualmente. Esta evolución demuestra cómo una tradición puede cruzar fronteras y milenios, adaptándose de un simple elemento de la naturaleza a una pieza clave de la gastronomía y la celebración familiar.
Con la edición de Sam Saldaña.
GRAN MURALLA VERDE ¡Terminaron la erosión y desertificación! Así fue como lo lograron