De acuerdo con la mitología y las antiguas leyendas mexicas, los perros cumplían una misión mística trascendental tras la muerte de una persona: ayudar a las almas a cruzar el río Chiconahuapan para continuar su trayecto hacia el Mictlán, el inframundo.
Sin embargo, no todos los animales cumplían este propósito. Según el relato, los perros blancos se negaban a cruzar para no ensuciarse y los negros argumentaban que ya lo estaban; eran los canes de color bermejo o café los encargados de guiar a los difuntos. Aunque el xoloitzcuintle se consolidó como el gran símbolo de esta tradición, los hallazgos arqueológicos demuestran que diversas razas acompañaban a sus dueños en las ofrendas funerarias prehispánicas.
Creación y edición: Melissa Jiménez.













