Fue un 15 de enero de 1726 cuando comenzó la construcción del Acueducto de Querétaro, una obra impulsada por el Marqués de la Villa del Villar del Águila, don Juan Antonio de Urrutia y Arana, con el objetivo de llevar agua potable a la ciudad, que en aquel entonces enfrentaba serios problemas de abastecimiento.
Más allá de su función original, los arcos se convirtieron con el paso del tiempo en un símbolo de identidad para los queretanos, testigo de transformaciones sociales, históricas y urbanas, y hoy en día, en uno de los principales íconos turísticos del estado.
Información de Alberto Gutiérrez.
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