Para Doña Socorro, este no es solo un negocio. Es una historia que comenzó cuando era apenas una niña y que hoy sigue viva entre cajas, verduras y recuerdos. Desde los 12 años, su vida ha transcurrido entre pasillos de mercado, aprendiendo de su papá no solo a trabajar, sino también a resistir.
Con el paso de los años, el puesto se convirtió en su segundo hogar. Ahí creció, ahí formó su carácter y ahí entendió que el negocio no solo daba para vivir, sino para construir un futuro.
Con información de: Alberto Gutiérrez, fuerza informativa Azteca.
Implementan iluminación LED en lámparas del Centro Histórico de Querétaro