Desde hace más de ocho años, Emanuel ha encontrado en la talabartería no solo un oficio, sino una forma de vida. Su historia comenzó cuando practicaba la charrería como deporte, una actividad que lo llevó a acercarse al trabajo con el cuero y a valorar cada pieza que utilizaba en el lienzo charro.
Con el paso del tiempo, la curiosidad lo impulsó a ir más allá. Emanuel decidió fabricar sus propios artículos, primero por necesidad y después por pasión, descubriendo así un oficio que le permitió desarrollar habilidad, paciencia y creatividad, siempre trabajando de manera artesanal.
Información de Alberto Gutiérrez.
Oficios tradicionales que resisten el paso del tiempo en Querétaro