En 1875, el naturalista británico Charles Darwin observó detenidamente un ejemplar vegetal cubierto por finos pelos pegajosos que retenían pequeños artrópodos. Aunque formuló la hipótesis de que la especie utilizaba estos mecanismos para nutrirse, la falta de herramientas tecnológicas en el siglo XIX le impidió probar cómo procesaba la materia orgánica.
Más de un siglo y medio después, un equipo de científicos logró validar de forma experimental la sospecha de Darwin tras analizar a la Saxifraga candelabrum, una especie perteneciente a la misma familia botánica identificada por el autor de El origen de las especies.
Creación y edición: Melissa Jiménez.
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