En la actualidad, la decisión de no tener hijos se ha consolidado entre las nuevas generaciones en México y el mundo. De acuerdo con estudios del Instituto de Investigaciones Sociales y datos de oficiales, el entorno económico, social y ambiental juega un papel determinante en este cambio demográfico.
Según los hallazgos de la encuesta, 9 de cada 10 personas de entre 18 y 64 años expresan alta preocupación por el costo de vida y la inflación. Los salarios percibidos como insuficientes, la falta de estabilidad financiera y los altos costos de crianza llevan a muchos a reconsiderar si existen las condiciones mínimas para mantener a un hijo.
Entre las principales inquietudes reportadas por los jóvenes mexicanos que influyen en su decisión destacan:
- Oferta laboral e incertidumbre de empleo: 91.9%
- Efectos del cambio climático: 91.2%
- Falta de acceso a la salud mental: 88.7%
- Pérdidas y rezagos en la educación infantil: 87.1%
A estas razones se suma un cambio de paradigma en las mujeres jóvenes, quienes priorizan su desarrollo académico, profesional y autonomía financiera frente al costo de oportunidad que históricamente ha representado la maternidad.
Descenso histórico en las tasas de fecundidad
La tasa total de fecundidad entre los países miembros de la OCDE se redujo a más de la mitad en las últimas décadas, pasando de un promedio de 3.3 hijos por mujer en 1960 a 1.5 en 2022.
En el caso de México, la disminución ha sido drástica: de registrar casi 7 hijos por mujer en 1960, descendió a menos de 2 en 2022. A pesar de la caída, el país se mantiene por encima del promedio global en comparación con otras naciones:
- Israel: 2.9 hijos por mujer
- Francia: 1.8 hijos por mujer
- México: Menos de 2.0 hijos por mujer
- España: 1.2 hijos por mujer
- Corea del Sur: 0.7 hijos por mujer
Impacto en la economía y los sistemas de pensiones
El envejecimiento poblacional y la baja natalidad conllevan repercusiones estructurales en el mercado laboral y la seguridad social. Especialistas explican que cuando la población juvenil disminuye, se genera un déficit de mano de obra para cubrir las vacantes que dejan las personas en edad de jubilación, lo que ejerce presión sobre el financiamiento de las pensiones y la productividad nacional.
Se prevé que esta tendencia a la baja continuará mientras no existan garantías sólidas y una consolidación real de derechos sociales, laborales y económicos que brinden certeza a las familias jóvenes.
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