Cada fin de semana, cuando la tarde comienza a caer, el Jardín Zenea se transforma en una pista al aire libre. Así lo expresan parejas, amigos y personas que llegan por su cuenta para escuchar música y dejarse llevar por el ritmo.
Para quienes asisten con frecuencia, el baile también se ha convertido en una forma de hacer una pausa a la rutina y disfrutar el momento.
Información de Montse Macías.












