La tragedia registrada en la comunidad de Santa María Canchesdá se desencadenó a partir del almacenamiento inadecuado de pirotecnia dentro del propio templo religioso. Con motivo de los festejos dedicados a la virgen de Nuestra Señora de la Luz, los encargados de la festividad resguardaron una cantidad considerable de fuegos artificiales en un área del inmueble que funcionaba provisionalmente como bodega.
La concentración de pólvora y materiales altamente inflamables en un espacio confinado creó una condición de extremo riesgo en medio de la afluencia de feligreses que abarrotaban la parroquia.
De la chispa al colapso de la estructura
La detonación masiva se produjo de manera repentina cuando el material pirotécnico guardado se activó, provocando una reacción en cadena que consumió el cargamento en cuestión de segundos. La fuerza de la onda expansiva destruyó de inmediato los muros del almacén e impactó con severidad la arquitectura del templo.
Incapaz de soportar la magnitud del estallido interno, una parte importante de la estructura de la iglesia se vino abajo, atrapando a decenas de asistentes bajo bloques de concreto, ladrillos y techumbre.
El caos posterior a la onda expansiva
Tras la masiva deflagración, la onda de choque proyectó escombros hacia la nave principal y las zonas aledañas a la parroquia, generando momentos de pánico entre quienes se encontraban en el atrio y calles vecinas. La densidad del humo y la rápida caída de los elementos constructivos imposibilitaron una evacuación fluida, dejando a feligreses aprisionados entre los restos del inmueble.
Vecinos y sobrevivientes reaccionaron de inmediato utilizando herramientas manuales e iluminando la zona con reflectores portátiles para remover las piedras pesadas mientras arribaban las unidades con maquinaria especializada para las labores de rescate.