En el fútbol profesional, los reflectores casi siempre apuntan a los goles, los campeonatos y los contratos millonarios. Sin embargo, detrás de cada debut soñado y de cada convocatoria a la Selección Mexicana, existe una figura silenciosa pero fundamental: el formador. En la historia reciente de los Gallos Blancos de Querétaro, ese hombre clave tiene nombre y apellido: Alberto Arellano.
A lo largo de los años, el ojo clínico y la exigencia de Arellano en las fuerzas básicas del Club Querétaro permitieron moldear el talento de jóvenes que pasaron de las canchas locales a representar a México en los torneos más importantes del planeta.
Con información de Rubén Rangel
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