Hace poco más de 30 años, don Pablo fue despedido de su trabajo. Con la necesidad de sacar adelante a su familia, comenzó a vender herramienta y cuchillos para ganarse la vida.
Mientras recorría las calles, la gente le hacía una pregunta constante: si sabía afilar.
Al principio no sabía, pero esa misma pregunta se repitió tantas veces que decidió aprender. Con práctica, paciencia y error, don Pablo dominó el oficio del afilado.
¿Qué hace al dío de hoy Don Pablo?
Desde entonces, don Pablo se dedica exclusivamente a afilar cuchillos y herramientas. Su trabajo es conocido por la precisión, el cuidado y la experiencia que solo dan los años.
Hoy, con su herramienta, sigue recorriendo las calles, recordando que los oficios tradicionales siguen vivos.
La historia de don Pablo es la de muchas personas que, ante la adversidad, aprenden, se adaptan y salen adelante. Un oficio sencillo, pero honesto, que hoy sigue dando filo a herramientas y dignidad a una vida de trabajo.
Con información de Alberto Gutiérrez.
¡El director deportivo y mejor amigo de los Gallos Smiling!