Es una oportunidad enorme la que hoy se le presenta a México, y también una posibilidad real de dejar atrás proyectos absurdos. A lo que México se opone no es al desarrollo, sino al uso de obras de infraestructura hechas al capricho, convertidas en pretexto para la corrupción.
Ahí está el caso de Puebla: se pretende impulsar un Cablebús replicando las mismas tácticas que vimos con el proyecto del Tren Maya, donde más que atender necesidades reales, pareciera imponerse una agenda sin sustento claro.