El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a México en el centro de su discurso sobre seguridad internacional y narcotráfico. Sin embargo, esta vez no lo hizo en un mitin de campaña ni en una conferencia de prensa local, sino en uno de los escenarios políticos más influyentes del mundo: la Cumbre del Grupo de los Siete, el G7, donde se reúnen las principales potencias occidentales para discutir los asuntos más relevantes de la agenda global.
Ante líderes de países como Francia, Alemania, Reino Unido, Japón y Canadá, además de altos representantes de la Unión Europea, Trump insistió en que México enfrenta una profunda infiltración del crimen organizado en sus estructuras políticas e institucionales. El mandatario estadounidense presentó el problema de los cárteles mexicanos no sólo como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, sino como un desafío que, según su visión, tiene implicaciones para toda la comunidad internacional.
La relevancia de sus declaraciones radica en el contexto en que fueron realizadas. Al llevar el tema a la mesa de discusión del G7, Trump elevó la situación de seguridad en México a un asunto de interés global, colocándolo junto a conflictos internacionales, tensiones geopolíticas y desafíos económicos que ocupan la atención de los líderes más poderosos del planeta.