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La herencia educativa de López: el fracaso de la Nueva Escuela Mexicana

Los resultados de esa política están a la vista: no se aprende, no se compite y no se califica.

Aunque en la mañanera se hablaba de ciertos principios, esa no fue la filosofía que realmente se aplicó durante su gobierno. Prueba de ello fue el acercamiento con personajes de ideología comunista, como Marx Arriaga, y la contratación del venezolano chavista Sady Loaiza. Junto con Delfina Gómez y Leticia Ramírez, fueron responsables de impulsar los nuevos libros de texto y la llamada Nueva Escuela Mexicana, un proyecto que ha resultado ser un fracaso. Arriaga llegó incluso a sostener que leer por gusto era un “placer capitalista” que no debía permitirse. Lamentablemente, nadie representó mejor esa visión que ellos.

Los resultados de esa política están a la vista: no se aprende, no se compite y no se califica. López les dio manga ancha para imponer un modelo colectivista con un objetivo que, desde nuestra perspectiva, fue perverso y que él mismo expresó con absoluta claridad.

Ahí está el verdadero objetivo: una población cada vez menos preparada, más fácil de manipular y, según esa lógica atribuida a López, más rentable en las urnas.

Y los resultados están a la vista: un sistema educativo que no exige, no compite y no evalúa.

Las consecuencias de haber impulsado este modelo están frente a nosotros: una educación que, en lugar de formar, termina reprobando a toda una generación.

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