La lanzadora de jabalina polaca Maria Andrejczyk, quien superó un cáncer de huesos para llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, demostró que el valor de una medalla no reside en el metal, sino en lo que puede lograr. Al regresar a casa con la plata, Andrejczyk decidió subastarla para recaudar fondos destinados a la cirugía cardíaca de Milosz, un bebé de ocho meses que padecía una cardiopatía congénita grave y necesitaba ser operado en Barcelona.
Una cadena de supermercados polaca, tras ganar la puja por un monto cercano a los 125 mil dólares (entre la oferta y donaciones extra), sorprendió a todos con un gesto final de nobleza: devolvieron la medalla a la atleta, afirmando que su esfuerzo y sacrificio merecían permanecer en sus manos.
Gracias a este acto desinteresado, el pequeño Milosz fue operado con éxito en octubre de 2021, transformando un triunfo deportivo en una segunda oportunidad de vida.
Con la edición de Sam Saldaña.
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